A C.B. ¡Gracias por todo!

Empecé en la distribución de vino, llevándolo en mi carrito de la compra.
Quedaba para catar, el día antes me aseguraba de tener todo el vino en forma, y el día en cuestión cargaba el carro. Mi camello.
Vivo en un 4º piso real sin ascensor, por tanto toda la acción implicaba sangre, mi sangre. Y yo la ponía. Sabía que estaba invirtiendo. Inconsciente. Aquello era de una escala tan pequeña que a veces no veía cómo pasar a la siguiente fase.
Fueron los caballeros de esta ciudad apostados en las salidas del metro, como esperándome, los que me dieron ánimos. Los que me fueron mostrando que la buena onda anónima existe. Era como si me dijeran, “dale Malena, dale, aguanta y verás. Tus vinos tienen que llegar a la mayor cantidad de gente posible”! Qué gentiles, qué amorosos, mis ángeles anónimos de la guarda.

Wine-carrito

Pero me quedé atrapada en una temporada de desánimo. ¿De leer tanto el periódico? ¿De escuchar la radio desde las 06:00 AM? ¿Por sentirme intrusa en un mundo que no era el mío? ¿Soledad? Yo era responsable por las 4 bodegas que representaba. Esa gente confiaba en mi. Esperaba que yo envinara Barcelona con su vino. Y yo veía que no llegaba, a pesar de los grandísimos amigos del sector. Nombraré: Rafa Peña, mi alma gemela de la locura y el desmadre, mi protector, que puso su restaurante, Gresca y su agenda a mis pies ; Dani Rossi, que abrió las puertas del almacén de Rasoterra para mi y la carta de sus vinos a los míos; Isabelle Brunet primero y Antonio Giuliodori después, que han hecho de Monvínic mi casa y han confiado en mi criterio para la selección de vino y lo han puesto en una de las cavas de vino más potentes que te puedas encontrar en muchos kilómetros.
A pesar de ellos no lograba ver la luz. Así que decidí entregar mis vinos en adopción. Y me senté en Rasoterra con Ignasi Cano, alma máter en Barcelona Vinos, una pyme de la distribución que me había generado la confianza. ¡Sabía que lo harían bien! Pero Ignasi me dijo, “tienes oro entre manos, no lo dejes. Vamos a construir un espacio nuevo juntos, en el que tu puedas respirar, en el que Barcelona Vinos expanda una identidad en cuanto a su catálogo de vinos y en el que esos vinos tuyos, ese oro, pueda llegar a todos sus amantes y más”.
¡Pah! Y saben qué, nos conocíamos apenas.

bcn vinos

Ahora en Barcelona vuelvo a sentirme en casa. Lindo. Conquistando cartas y corazones a puro golpe de aire atlántico. A buenos vinos frescos, a convicción y confianza. A estar por la labor, sin pausa, con un equipo de primera.
Y llega el verano, nos ponemos ligeros de ropas y sedientos de vino aéreo, de vino de viento, volador, como un skite, tensas las piolas, infladas las velas, los pies tocando el suelo sólo por las puntitas, y yo preparo mi winetruck para salir a la conquista de nuevos territorios. Volaré a lo largo y ancho de España de acuerdo a su mapa actual, aunque tengo pasaporte por las dudas. Y un día que siento inminente, lograré que la arañita esté presente en los cuatro puntos cardinales.

Wine-truck

Me voy de ruta en busca de almas afines. Y aparecerán. Personas con pasión por las cosas bien hechas, con ganas de abrir las puertas de la curiosidad por los vinos atlánticos de Portugal y de Galicia. Una vez más, se trata de intentar expandir identidad en el gusto por el vino. Descubrir algo que siempre estuvo ahí pero parece que el viento alejaba mar adentro. Pero ahora, estamos cambiando la dirección del viento, viene, y vale mucho la pena tomarla, producir energía enólica, y gozar, de paso, del mercadeo, del comerciar, que en el caso de la civilización del vino siempre ha ido de la mano de la viticultura y la vinicultura, desde su nacimiento. Se trata de notar el cambio en la dirección del viento, y ¿sabes qué? ¡Se puede!

“It’s all about imagination” Y. V.