Pichet Le Verre

El anuncio parece increíble aunque den tantas ganas de creerlo.
Con el acuerdo de los empresarios más destacados del sector, del ámbito público y del privado, el desconocido Pichet Le Verre logra echar a andar una fundación para la preservación del conocimiento de la viticultura y la enología y su transmisión de manera gratuita a todo aquel que ame el oficio, a cambio de un compromiso a la altura de la misión. Que sienta que aprendiéndolo obtendrá, además de una fuente valiosa de trabajo, una vía para contribuir en preservar y desarrollar una parte de la cultura de los hombres, que les acompaña, adaptándose a los tiempos, desde hace miles de años.

Ante la amenaza real de criterios estrictamente de mercado para adquirir dicho conocimiento, Pichet sintió que no podía quedarse con los brazos cruzados esperando que alguien más, que una barita mágica viniera a dar una idea creativa y viable para desactivar la bomba.
No era fácil. En plena crisis de civilización, con una población ya partida entre los que llegan a los medios para tener una vida decente y los que no, entendió que había personas de carne y hueso, que vivían en unas condiciones subjetivas y objetivas abundantes pero a la vez con la suficiente inteligencia y sensibilidad para notar que en este reparto, perdían todos. Se estaba matando la gallina de los huevos de oro.

¿Quién iba a sostener en alto la historia del bastión vinícola en Europa y en el mundo? ¿Sólo los ricos? ¿Sólo los que tuvieran la suerte de ganarse esa lotería llamada beca? De pronto el mundo se había vuelto una pesadilla total, que nos partía entre los que pueden beber el buen vino y y tener ese conocimiento y los que no. Ya no se trataba del techo y de la comida, el agua fétida había llegado al vino! Esto tenía que resolverse.

Pichet salió a la calle con estas preguntas para encontrar respuestas. Entró en los bares de vino bueno, natural o poco intervenido, que le llaman; de esos vinos que representan y perpetuan la historia; los que Pichet entendía en su radicalidad, que debían estar fuera de mercado. Habló con los viñerón, herederos de ese conocimiento y por tanto, responsables de difundirlo de manera sistémica, ordenada a quién pusiera pasión en ello.

Habló con los maestros de todas las edades y les preguntó qué sentían al darse cuenta que sólo estaban pasando conocimiento al que lo pudiera comprar pero que tenían en sus manos la posibilidad de cambiarlo. Y las caras que vio fueron poemas luminosos. Habló con los divulgadores blogueros, sabedor de su influencia en todas las instancias del sector. Amateurs con posibles como para hacer de su pasión un medio de vida y lograr profesionalizarse. Chapeau por ellos, pensó Pichet. ¿Quién mejor que ellos para entender mis desvelos?

Habló con los señores del vino, los distribuidores, repartidores de lo bueno y de lo no tan bueno –lo que hace caja- sabedores de cómo hacer de esta pasión un excelente medio de vida. Les preguntó qué estaban haciendo con la renta que generaban y les propuso disiparla, aunque sea en parte, a modo de Fundación para Preservar y Transmitir el Conocimiento Ancestral de la Cultura Vitivinícola en Europa. Sabía que esta era la única manera de lograr sus objetivos. Él sabía lo que había que hacer; eran otros los que tenían las herramientas. Pero era la fuerza de su pensamiento lo que operaría de amalgama. Intentó hablar con las D.O….

Al principio la extrañeza fue enorme. Pero poco a poco, hablando, razonando y haciendo cuentas, les hizo ver que, al repartir ese beneficio y transformarlo en una reserva para el conocimiento y una cadena de transmisión que asegurara presente y futuro, todos saldrían ganando. Las fuerzas vivas del vino habían comprado su idea. El viejo y querido win to win, sonrió para si, el sabio Pichet.
Así fue que nació, un 28 de diciembre de 2014, una de las pocas empresas inteligentes de esta época funesta. Así Pichet Le Verre logró demostrar que no todo está perdido si sabemos hablar y llegar a entender que donde hay sufrimiento nadie gana; donde hay exclusión todos pierden; donde no hay amor, no hay vida decente.

Pichet Le Verre no tiene cara, ni materia. Es pura energía. Es la sabiduría que se esconde detrás de una cuenta de resultados, dentro de una buena botella y en el corazón de cada amante del buen vino. Es energía convertida en acción.

Eres tu querido lector, seas quien seas y hagas lo que hagas, el que tiene en su poder hacer que el gran Pichet Le Verre sea un personaje de ficción o convertirlo en uno real.

¿Qué decides?