Pasada de largo la medianoche hice estos apuntes: Nanclares nota de kata. Evoluciona en los aromas desde un pomelo tímido a una rosa muy joven pasando por melocotón fresco y limas. En boca salado pero antes hay algo más… La rosa es capullo no está abierta. El agua de mar diluida que bebemos después de una práctica intensa de Bikram Yoga, para reponer los minerales sudados. Nariz de alegría mieles huele a una cama con sábanas de seda. Fruta tropical. Mango fresco pelándose. Sudor. Waltz for Derby by Niño Josele conecta boca y nariz en una coherencia extrema.


Desde un total de 2,2 hectáreas, repartidas por la Ría de Arousa, sub-zona del Salnés, Alberto Nanclares interpreta la variedad albariño de 5 maneras diferentes y los reparte en 12.000 botellas. Los suelos son, sobre todo, franco arenosos y arcillosos. Aportan mucho mineral y drenan con facilidad todo lo que llueve. Sin esta característica, su trabajo sería imposible.
Empezó hace más de una década porque pegó un giro importante a su vida. Se vinieron con su mujer, Arantxa, a Galicia, dejando atrás una vida urbana que, imagino, se había vuelto demasiado plana. Primero fue la vela y después vino el vino. Al principio el trabajo era convencional, asesorado por una enóloga, que aconsejaba según el paradigma al uso en la D.O. Rías Baixas. Poco a poco Alberto fue cogiendo confianza en si mismo y desarrollando sospechas sobre que esto se podía hacer de otro modo. Resumiendo, comenzó por la conversión de viñedos a ecológico y hoy, junto con otros productores, se convierte a la biodinámica, de manera exitosa, al borde mismo del Atlántico. Como dice Dominique Roujou de Boubée, la emprende con todo para superar la adversidad natural, que de eso va la viticultura, en cualquier parte.

Sus vinos se caracterizan por una acidez muy pronunciada, marca de la casa, orgullo del viñerón. Profundamente minerales, de color más bien amarillo oro, éste no viene de barrica, sino de la fruta en si. Poseedores de un arco aromático complejo, es importante tomarse un tiempo con ellos. Para vinificar, elige. Si bien todos sus vinos se hacen en el viñedo, en algún caso, remata la jugada en el proceso de elaboración. Manejo sutil de los tiempos y de los materiales. Este estudio del albariño al estilo Malevich, como un cuadrado blanco sobre fondo blanco, tiene su epifanía en un viñedo, Manzaniña. De aspecto ralo, con suelos arenosos y pajunos, naturalmente secos en pleno agosto, este pequeño trozo de tierra con mina de agua abandonada al fondo, da de si las mejores uvas que obtiene Alberto. Emparrado, como casi todo en Rías Baixas, para estar lejos del suelo, por donde treparía todo tipo de bicho goloso y destructor, corre el aire entre los sarmientos y la fruta, que cuelga en racimos pequeños, abiertos, de granos más bien pequeños y dorados.
De Manzaniña salen Soverribas y Crisopa; el tres y cuatro del espectro.

Manzaniña

No tengo problema en declarar mi debilidad por Soverribas. Lo bebimos en La Ribeira de Fefiñáns, casa de José Luis Aragunde Soutullo, en Cambados, una cita obligada para mi cuando estoy por esas tierras. Eran casi las tres de la tarde, se podía estar en la terraza bajo toldo, oliendo el aire bien salado que llega del otro de la calle, desde el mar, ya en retirada. La arena destellaba por el reflejo del sol en las conchas rotas, y las algas pegadas al lomo de las rocas, perfumaban el ambiente, secándose bajo el sol, inclemente. Las navajas, las almejas, las empanadillas y la conversa con el siempre activo y curioso José, redondearon una tarde perfecta de verano.
Soverribas es pamplemousse. Lo prensa con todo; lo deja estar en paz 1 año en un foudre de 2200 litros que tiene desde el año 2004. Lo trasiega a una tina de inox donde reposa 6 meses más; luego pasa los últimos 6 meses en botella hasta hacerse mayor y salir a dar su batalla a la calle. ¡Pamplemousse! No es una palabra, es una sensación global, un estado de ánimo. Soverribas es esto. Te coloca en una densidad etérea, muy consciente de tu aquí y ahora. La imagen es como el estado gaseoso posterior al big-bang. Luz, destello. Todo es vertical, afilado y elegante. No corta, no agrede. Aromas agudos cítricos en suspensión. Y una conversa en la boca eterna, larga, metafísica. Vaporoso y discreto. Si después de todo esto, puedes guardar alguna botella fuera de tu alcance para abrirla dentro de dos años, ya puedes regalar tu mejor Mersault!

Soverribas

Alberto Nanclares juega callado. Armado con su gorra de visera larga y sus gafas parasol, observa. Respira y se suelta. Actúa. Tiene confianza en lo que hace también con otros. Esto no es un frontón ni un solitario. Ellos, los que no tienen miedo, están cambiando el mundo.